Tu familia alrededor del pesebre

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No se trata de nada mas sino de ese niño.

Ese niño que vino a este mundo y creció en un adulto para salvar al mundo.

A traves de El tenemos salvación, un camino, una manera y un mapa para guiar nuestras vidas.

Es hermoso ver cómo a los niños le encanta la navidad y como los padres se sienten tan felices al verlos divertirse y emocionarse con los regalos. Sin duda, esta época es el tiempo perfecto para que las familias en desarrollo reflexionen sobre el mayor regalo que Dios nos ha dado y confiado—nuestra familia.

Piensa en tu cónyuge, piensa en tus hijos. Nadie mas tendrá la única y entera responsabilidad por el rol que tienes en sus vidas y por eso es que son tu prioridad. Una vez creces, te conviertes en adulto y comienzas una familia—todo es por ellos y para ellos. Ellos no son el núcleo; ellos son toda la célula en tu vida.

El centro y proposito en tu vida comienza con quien eres en tu familia y lo que haces por ellos. Aquí es donde la oportunidad surge para desarrollar nuestro carácter similar al de Cristo, donde podemos comprobar cuan atrevido somos cuando se trata de amar y cuan comprometidos estamos con el Señor.

Son muchos los retos que pueden venir cuando nos lanzamos a tener una familia. Tendrás que dejar ir cosas que ya no son beneficiosas al igual que redefinir tus prioridades, tu relación con Dios y con otros para así proteger, amar y dar el ejemplo correcto a los que tienes que cuidar, guiar y nutrir.

Así que esta Navidad, acércate al pesebre y enfócate en aquel que te dio el regalo de a tu familia. Luego, toma tu cónyuge, toma tus hijos y acércalos también al pesebre. Sigue su vida y sus principios y triunfaras.

Esta temporada celebramos el nacimiento de Cristo; nuestro Redentor. No tenemos que esperar a la navidad para conmemorarlo. Cada día podemos vivir su significado cuando despertamos en nuestro nido, al lado de nuestro cónyuge y nuestros hijos. Podemos recordar el nacimiento de nuestra familia. Con la gracia de Dios en mente, podemos tomar las decisiones correctas que reafirmen el compromiso que hicimos cuando todo comenzó—el compromiso que hicimos cuando le dimos nuestra vida a Jesús y las promesas que hicimos ante El cuando dijimos: “Si, acepto”.

 

 

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