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Cuando la fe aún duele: El Dios que redime el dolor

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 “Al pasar Jesús, vio a un hombre ciego de nacimiento. Y le preguntaron sus discípulos, diciendo: Rabí, ¿quién pecó, este o sus padres, para que haya nacido ciego?” (Juan 9:1-2)

¿Alguna vez te has encontrado en una situación en la que solo puedes preguntarte: ¿Por qué estoy en esta condición? ¿Qué pasó? ¿Cómo llegué hasta aquí?

Intentas hacer un autoexamen y te das cuenta de que, aunque definitivamente no eres una persona perfecta, genuinamente no encuentras razones que justifiquen la situación que estás viviendo.

A veces incluso puede parecer que estás recibiendo exactamente lo contrario de lo que has sembrado y por lo que has trabajado.

Y pareciera que la vida simplemente es así.

Por más que intentes entenderlo, seguirá siendo un gran misterio si tratas de encontrarle una explicación.

Este hombre nació ciego, y su condición era considerada una maldición. La creencia de aquella época era que aquello debía ser el resultado del pecado, ya fuera de él mismo o de un pecado generacional.

Aun si conoces a Jesús, recuerda hoy que creer en Él no te exime del sufrimiento. De hecho, podría argumentarse que, muchas veces, ocurre todo lo contrario.

Y cuando te encuentras en esas situaciones inesperadas que traen un profundo sufrimiento y un dolor que no puedes explicar, puedes sentirte como María llorando a los pies de Jesús cuando murió su hermano. (Juan 11:33)

“Señor, si hubieras estado aquí, esto no habría sucedido.”

Si somos completamente honestos, cuando sientes que realmente no hiciste nada malo, tuviste fe y aun así parece que perdiste, el dolor puede llevarte a culpar a Jesús o a sentir que Él te abandonó.

Si alguna vez te has sentido así, debes saber que Jesús no se ofende por ese sentimiento. En su humanidad, Él también lo experimentó.

Después de pasar años sanando enfermos, haciendo el bien, alimentando al hambriento, estando presente para los necesitados, salvando, perdonando y restaurando la vida de muchas personas, terminó enfrentando la muerte más dolorosa, vergonzosa y cruel que alguien podía sufrir en su tiempo.

Y mientras estaba clavado en la cruz, muriendo, sintió el peso del dolor y de la pérdida, y experimentó la sensación de haber sido abandonado por Dios.

Él dijo:

“Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?” (Mateo 27:46)

A menudo olvidamos que, en esta vida afectada por el pecado que nos rodea, Jesús nunca prometió absolutamente librarnos de las dificultades ni del dolor. Ni siquiera eso fue lo experimentado por Él mismo o por sus discípulos. Esa clase de vida está reservada para el paraíso y para la vida eterna junto a Él. Esa es la esperanza a la que nos aferramos, la que nos acerca más a Jesús aun cuando esta vida duele.

Pero mientras estemos aquí, Jesús no vino simplemente a resolver nuestros problemas.

Él es nuestro Redentor.

Él entra en medio de nuestro dolor, toma sobre sí el peso de nuestra tristeza y de nuestra pérdida, y nos redime en medio de ellas. Convierte nuestro valle de lágrimas en un lugar de manantiales (Salmos 84:6), y aquello que fue destinado para mal en esta vida contra nosotros, Él es capaz de transformarlo para bien. (Génesis 50:20)

Eso es lo que Dios puede hacer cuando decidimos seguir confiando en Él y apoyarnos en Él, incluso cuando es difícil y duele.

Dios es capaz de redimir tu dolor.

Lo has escuchado antes, al igual que Marta lo escuchó, pero hoy Él vuelve a recordártelo si lo necesitas.

Jesús le dijo:

”¿No te he dicho que si crees, verás la gloria de Dios?” (Juan 11:40)

Los tiempos de incertidumbre, dolor, tristeza y pérdida siguen siendo tiempos para creerle a Dios. No solo respecto al resultado específico que esperamos, sino también en su obra redentora en nosotros y en cómo el poder de Dios puede manifestarse en nuestras vidas para hacer que todas las cosas obren para nuestro bien.

“Estas cosas les he hablado para que en mí tengan paz. En el mundo tendrán aflicción; pero confíen, yo he vencido al mundo.” (Juan 16:33)


Jenilee Rebarber

Jenilee Rebarber es la fundadora de The Altar Place. Jenilee es nativa de Puerto Rico, y vive en el estado de Florida en EU con su hijo. Es doctora en optometría, empresaria y estudiante del seminario de Liderazgo Ministerial de la Universidad Southeastern. A través de cada temporada y rol, Jenilee ha permitido que cada área de su vida la lleve más cerca de Jesús y le gusta poner eso en palabras. Sus escritos se han publicado en WomenLeaders.com de Christianity Today, en el blog Boundless de Focus on the Family, en la Revista La Fuente y ha sido miembro del entrenamiento de escritores Compel. Para contacto e invitaciones puedes escribirle a: jenilee@thealtarplace.com
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