No es inusual que nos encontremos orando por lo que nos sentimos llamados o lo que anhelamos y sabemos que Dios tiene para nosotros, pero aun no hemos encontrado el camino. O tal vez sí lo hemos encontrado, pero no podemos verlo o reconocerlo como tal.

Es probable que, en muchas situaciones, se te hayan presentado oportunidades y simplemente te preguntes si esta podría ser la solución. Creo que muchas veces descartamos rápidamente nuestras oportunidades, solo porque pensamos que si proviene de Dios, debería ser mejor, más rápido, más fácil y directo.

¿Fue así realmente para cada persona en la Biblia?

Evidentemente, no.

En cambio, podría ser que nuestros sentidos se equivocaron y no tuvimos la capacidad de ver lo que Dios puede hacer en medio de los desafíos. No pudimos contrastar el presente con las posibilidades del futuro o escuchar a Dios en medio de todo.

Israel tuvo dificultades para ver y percibir lo que Dios estaba haciendo durante todo su camino. Dios les dijo:

“¡Miren, estoy haciendo algo nuevo! Ya está brotando; ¿no lo perciben? Estoy abriendo un camino en el desierto y arroyos en la tierra desolada.” (Isaías 43:19)

Fue en el desierto donde Dios iba a usar su poder para forjar un futuro para ellos, pero no pudieron percibirlo. La verdad es que es difícil ver que Dios hará algo donde las cosas están lejos de ser prometedoras, pero fue precisamente allí donde Dios se magnificaría en su historia.

Su tarea era, primero, creer y andar por el camino que Dios les señalaba, aunque pareciera incierto, dudoso y nos de miedo.

A veces, nuestra oración y nuestro anhelo pueden ser así:

Oramos a Dios para que abra un camino, pero no estamos listos para dar un paso de fe. Oramos a Dios para que abra un camino, pero solo queremos quedarnos en nuestro propio carril. Oramos a Dios para que abra un camino, pero solo queremos tomar el camino fácil.

Y, desafortunadamente, la fe no funciona así. El camino que Dios nos abre a veces pasa por desiertos en medio de la nada. No es un camino bonito, no nos resulta familiar y el viaje no es nada fácil. La pregunta es: ¿lo reconocerás y lo elegirás tú también?

A veces, podemos estar ansiosos por seguir los planes del Señor, pero ya tenemos una idea preconcebida de cómo Él nos llevará a ellos. Cuando las cosas no se alinean con nuestras ideas y preferencias, podemos cerrar puertas rápidamente solo porque nuestra fe no tuvo espacio para ser maravillados.

Preguntarse: “¿Y si…?”

Esa es la pregunta que debemos hacernos más.

Queda de Dios responder esa pregunta, y nosotros estar abiertos a ella.

Si no dejamos espacio en nuestra fe para la maravilla, tendremos pocas oportunidades de ver los caminos sobrenaturales de Dios en nuestras vidas.

¿Y si Dios abre un camino en este mar? ¿Y si Dios abre un camino en este desierto?

El plan de Dios no necesita tu aprobación.

Mira esto:

¿Qué hubiera pasado si Abraham no se hubiera alejado de su país y su familia?

¿Qué hubiera pasado si Booz no se hubiera casado con esa moabita recién convertida que no tenía nada?

¿Qué hubiera pasado si David no se hubiera alistado para luchar contra ese gigante?

¿Qué hubiera pasado si José no hubiera elegido honrar y apoyar a su novia embarazada pero virgen?

La lista podría continuar. Todas esas decisiones podrían haber sido fácilmente consideradas desfavorables por cualquiera, especialmente por el protagonista de esas historias. Sin embargo, en el plan de Dios, todas esas decisiones condujeron a Jesús. Todos esos caminos fueron magistralmente elaborados por su propia voluntad y plan.

Podrían simplemente haberse desviado y elegido otro camino; aun así, Jesús habría nacido y crecido de todos modos. Sin embargo, todas esas personas habrían perdido la bendición de ser parte de un plan más grande que su propia historia: la historia de Dios.

El plan de Dios siempre es superior y va mucho más allá de nuestro razonamiento y pensamiento.

“Porque mis pensamientos no son vuestros pensamientos, ni vuestros caminos mis caminos —declara el Señor—. Como son más altos los cielos que la tierra, así son mis caminos más altos que vuestros caminos, y mis pensamientos más que vuestros pensamientos.” (Isaías 55:8-9)

Por eso, nunca debemos limitarnos cuando enfrentamos oposición, incertidumbre o una desviación de nuestras propias preferencias. Si ya hemos orado, podemos abrir nuestro corazón a la reflexión y pedirle a Dios que se revele, nos muestre su camino y nos abra el corazón.

No es necesario que te apresures a comprender, a ignorar ni a cerrar puertas. Puedes orar con fe y reflexionar al mismo tiempo, sabiendo que Dios siempre te revelará, te guiará y te responderá.

En resumen:

El plan de Dios para tu vida sigue siendo suyo, no tuyo.

Él se reserva el derecho de actuar de la manera que finalmente lo glorifique. Él sabe exactamente lo que está haciendo, mientras que nosotros permanecemos desorientados, y eso está bien. Si realmente deseamos Su plan y glorificarlo, solo podemos ser sensibles y fieles a su guía, confiando en Él durante todo el proceso.

“Confía en el Señor con todo tu corazón, y no te apoyes en tu propia prudencia; sométete a él en todos tus caminos, y él enderezará tus veredas.” (Proverbios 3:5-6)

Quizás seas el mejor planificador del mundo. Tienes tu vida planificada para 5 años o para toda la vida, pero, ¿tienes espacio para dejar entrar los pensamientos más altos de Dios?

Un corazón entregado a Él, sin una planificación meticulosa ni expectativas rigurosas, siempre te llevará exactamente a donde quieres estar— a la voluntad y el propósito de Dios para tu vida.

Sus pensamientos son más altos que los tuyos, y también lo son sus caminos.

Confía en Él.


Jenilee Rebarber

Jenilee Rebarber es la fundadora de The Altar Place. Jenilee es nativa de Puerto Rico, y vive en el estado de Florida en EU con su hijo. Es doctora en optometría, empresaria y estudiante del seminario de Liderazgo Ministerial de la Universidad Southeastern. A través de cada temporada y rol, Jenilee ha permitido que cada área de su vida la lleve más cerca de Jesús y le gusta poner eso en palabras. Sus escritos se han publicado en WomenLeaders.com de Christianity Today, en el blog Boundless de Focus on the Family, en la Revista La Fuente y ha sido miembro del entrenamiento de escritores Compel. Para contacto e invitaciones puedes escribirle a: jenilee@thealtarplace.com