¿Alguna vez has tenido que desaprender algo para luego aprenderlo correctamente? Creo que esto muy bien aplica al concepto que por muchos años nos han enseñado con respecto a la humildad.

La humildad es el estado de nuestro corazón que nos permite reconocer, tanto nuestras limitaciones y debilidades, como también nuestras habilidades, pero sin vanagloriarnos. Al leer las escrituras, nos queda claro que Jesús es nuestro más vivo ejemplo de humildad, según se describe en Filipenses 2:6-8:

el cual, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres, y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz.”

            Éste, como muchos otros pasajes bíblicos, desmiente claramente muchos de los siguientes conceptos de humildad:

“La humildad es sinónimo de pobreza.” 

Sin duda, es uno de los falsos conceptos más comunes de humildad que existe. La humildad no depende de nuestro estado económico sino de nuestro estado del corazón. Muchos utilizan la historia Bíblica del Joven rico de Marcos 10 para validar este punto, sin embargo, olvidan que en la misma Biblia también podemos ver a muchos grandes hombres de Dios pudientes que sirvieron a Dios con humildad tales como: Abraham, Job, el rey David, entre otros. Es en realidad la humildad una virtud que nada tiene que ver con la pobreza económica sino más bien con la riqueza del alma. 

“El tener mucho conocimiento te hace orgulloso.”

Una persona humilde no es la que se conforma con la mediocridad, sino la que entiende que el conocimiento es una herramienta necesaria de protección, de mayor alcance y de preparación intelectual y espiritual. El no tenerlo o rechazarlo acarrea grandes consecuencias para nuestra vida, según Oseas 4:6: “Mi pueblo perece por falta de conocimiento; y como tú rechazaste el conocimiento, yo te rechazaré a ti de mi sacerdocio; por haber olvidado la ley de tu Dios, también yo me olvidaré de tus hijos.”

Una persona humilde sabe que no lo sabe todo y que siempre hay espacio para aprender cosas nuevas mientras que, una persona orgullosa, puede hasta ignorar la importancia de ello al creer que ya lo sabe todo y alardear de lo poco que sabe.

“Una persona con buena autoestima no es humilde.”

            La Biblia no nos dice que debemos tener un mal concepto de nosotros mismos para ser humildes, sino que nos advierte en Romanos 12:3 que ninguno no piense más alto de sí que lo que debe pensar, sino que piense con buen juicio, según la medida de fe que Dios ha distribuido a cada uno.  

“Soy humilde porque hago buenas obras.”

            Cuando las buenas obras se centran en nosotros mismos, dejamos de ser humildes y nos convertimos en vanagloriosos. Las buenas obras de una persona humilde procuran servir al prójimo y agradar al corazón de Dios. Hebreos 13:16 dice: “Y no os olvidéis de hacer el bien y de la ayuda mutua, porque de tales sacrificios se agrada Dios.”

            Antes de apelar a alguna de esas 4 formas de pensar mencionadas para señalar a otra persona o auto-criticarnos, es mejor analizar la escritura y hacernos la siguiente pregunta: ¿Cómo somos cuando estamos en una posición de autoridad o cuando se nos otorga algún poder? Evalúa entonces si las actitudes son reflejo de un corazón orgulloso o un corazón humilde.


Dindi Quiles

Dindi Quiles es cantautora cristiana, conferencista, maestra, líder de adoración, líder de grupo de discipulado y escritora. Su primera producción musical como solista incluye los temas “Tu luz en mí”, “Nuestro Salvador” y “Llénanos”. Ha colaborado como presentadora en el canal local de televisión, Tu18Jax y como escritora de la revista “Qué tal Jacksonville?”. Actualmente vive en el estado de Florida, con su esposo y tres hijos. Para invitaciones: agenda.dindiquiles@gmail.com